Ventajas y desventajas de compartir piso

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La crisis de los últimos años ha hecho que el concepto de pisos compartidos no se vincule únicamente con los estudiantes como pasaba antes. La falta de recursos de muchas personas las ha llevado a tener que compartir una vivienda, ya sea en propiedad o en alquiler, con otras personas para poder hacer frente a los gastos.

Por otro lado, sigue habiendo individuos que no llevan bien lo de vivir en soledad y, a pesar de no necesitarlo, valoran mucho la compañía y el compartir experiencias vitales.

En cualquier caso, los pisos compartidos comportan ventajas y desventajas que cualquiera debe asumir, antes de lanzarse a la aventura de vivir con uno o varios compañeros.

Principales ventajas de los pisos compartidos

Por un lado, como ya hemos dicho, el compartir gastos es uno de los motivos principales por los que alguien decide compartir una vivienda: luz, agua, gas y otros gastos comunes que, a final de mes, se llevan una parte importante de nuestros ingresos.

También destaca como positivo el reparto equitativo de las tareas del hogar: si los pisos compartidos están bien organizados, se ahorra mucho tiempo y esfuerzo. También nos ayuda a sentirnos acompañados en nuestro día a día.

Por último, dentro del plano del desarrollo personal, nos puede ayudar a ser más tolerantes y pacientes. Compartir el espacio vital nos obliga a madurar y a ser más generosos, respetando los gustos y costumbres del compañero.

Sin embargo, también hay aspectos negativos…

Por ejemplo, el estar expuestos constantemente a que el compañero cumpla con sus obligaciones: pagos, tareas, orden… No todo el mundo es cumplidor ni respetuoso con el prójimo.

Por otro lado, la convivencia no resulta fácil, ni siquiera entre miembros de una misma familia, por lo que, entre extraños o descocidos, puede resultar complicado.

La clave está en buscar personas compatibles con nuestro carácter, costumbres y horarios, siempre que sea posible si optamos por ejemplo por pisos compartidos en Madrid. También es importante, acordar desde el principio unas pocas normas y pactar su obligado complimiento. Este compromiso inicial suele ayudar a evitar conflictos o, en el peor de los casos, a resolverlos.

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